viernes, 30 de octubre de 2009

PODER TRANSFORMADOR DE LA INMIGRACIÓN

Las causas que provocan los movimientos migratorios son diversas, pero al final se reducen a una: la lucha por la supervivencia. Desde hace algunas décadas, las corrientes migratorias desde África, Asia y América Latina hacia Europa no sólo han mantenido su constancia sino que han aumentado radicalmente su caudal humano. Para algunos países huéspedes, entre ellos España, el fenómeno es novedoso y ciertos sectores de la población sienten la presencia del inmigrado como una agresión desencadenante de no pocos males sociales. Este sentimiento en realidad oculta el profundo temor de que esas masas invasoras corrompan su cultura, sus tradiciones e incluso sus esencias nacionales detrás de las cuales se atrincheran algunos grupos. Pero el proceso es irreversible y nada impedirá la acción transformadora de la inmigración.
Una primera mirada al paisaje urbano ya revela al observador las manifestaciones más evidentes de las transformaciones que se están produciendo. En la superficie se aprecian junto a los cambios fisonómicos de la población cambios en los hábitos y en los ritmos que afectan a las relaciones personales, a las expresiones culturales y las modalidades laborales. Así, por ejemplo, miles de latinoamericanos, sorprendidos por la crisis económica lejos de su hábitat natural, van organizándose para sobrevivirla creando alternativas de trabajo, ya sea como transportistas, pintores, albañiles, etc. y personas de compañía para ancianos, a quienes tratan con esa ternura nacida de su tradicional veneración y respeto a los mayores. Quiero decir que, en este proceso transformador en el que intervienen la aculturación, las dificultades administrativas, la precariedad laboral y el rechazo no siempre velado de los nativos, los inmigrados no sólo aportan a la Seguridad Social, contribuyendo así al sistema jubilatorio del país, sino también valores intangibles vinculados a la imaginación, al espíritu y a formas de relacionarse con los demás aún no alteradas por los hábitos y ritmos de la sociedad industrial ni el patrón oro. Son estos valores humanos lo que acaban prevaleciendo en el tejido social y no aquellos hábitos que pertenecen al ámbito de la marginación y del delito.
Foto: Diario El Público.

martes, 13 de octubre de 2009

EL SECRETO DE SUS OJOS

Benjamín Espósito, un recién jubilado del Juzgado de lo Penal, inicia la escritura de una novela sobre un caso resuelto, pero pendiente de justicia, para saber «cómo se hace para llenar una vida de vacío». El ejercicio de la escritura y de la memoria le harán volver su mirada al pasado y le descubrirá que el amor y la verdad siguen caminos paralelos. «Las miradas hablan», le dice en un momento el protagonista a la mujer para quien en cierto modo, acaso sin darse cuenta, escribe la novela y enseguida añade «aunque a veces digan boludeces», como queriendo restar dramatismo a una frase que ya viene cargada por las miradas de ambos. Juan José Campanella, el director de El secreto de sus ojos, involucra no sólo a los actores en un juego permanente y complejo de miradas que hablan, sino también a los espectadores que las comprenden y las sienten mucho antes de que les lleguen las palabras de un diálogo que filtra a través del humor y la ironía la angustia o el dolor del día a día.
Ricardo Darín y Soledad Villamil componen con sencilla naturalidad dos personajes, cuya callada tensión amorosa se revela el eje de la búsqueda de una verdad que los compromete y trasciende. Junto a ellos, y con el mismo nivel de calidad interpretativa, Pablo Rago, Javier Godino y, sobre todo, Guillermo Francella. Pocas películas argentinas han tratado con la hondura que lo hace El secreto de sus ojos los comportamientos de una sociedad que se preparaba para entrar en uno de los períodos más negros de su historia. «Un hombre puede cambiar y ser muchas cosas», dice Sandoval (Guillermo Francella), «pero no su pasión». Y al hilo de esta frase los hinchas/forofos de Rácing de Avellaneda animan a su equipo al son de la marcha peronista, reflejo de la pasión que los ciega y embrutece, pero también es la pasión la que mueve a los protagonistas a descubrir que es el conocimiento de la verdad lo que ilumina la justicia y, no sin sacrificios y pérdidas, también sus vidas.
Desde el punto de vista conceptual, El secreto de sus ojos es, a partir de la decisión de un hombre que decide sobreponerse a la náusea y el vacío existenciales, una magnifica reflexión sobre las pasiones humanas, y desde el punto de vista cinematográfico, una obra maestra.

jueves, 1 de octubre de 2009

EL TANGO, PATRIMONIO DE LA HUMANIDAD

Argentinos y uruguayos podemos sentirnos especialmente felices. La UNESCO ha declarado el tango Patrimonio Inmaterial Cultural de la Humanidad. También los españoles, porque el Comité Intergubernamental reunido en Abu Dabi (Emiratos Árabes) también ha dado la misma categoría a las creaciones culturales españolas del «silbo gomero» -isla de la Gomera, Canarias), Tribunal de las Aguas de Valencia y Consejo de Hombres Buenos de Murcia.
Argentina y Uruguay, que tienen un rico y diverso folclore particular, comparten el tango en el ámbito del Río de la Plata, como fruto de unas comunes vivencias en las que se funden, a partir del siglo XIX, las tradiciones africanas y las europeas en un marco determinado por un proceso inmigratorio que impulsó un vertiginoso crecimiento de las capitales rioplatenses -Montevideo y Buenos Aires- perfilando sus originales paisajes humanos. Para el Comité, «el tango es la expresión más profunda y vibrante del Río de la Plata», por cuya «fuerza conquistó trascendencia universal».
También conviene apuntar que el tango -canción y danza- nacido en los suburbios conquistó el corazón de las ciudades en la medida que las masas populares fueron ganando espacio en la vida política y fueron protagonistas del proceso democratizador que vivieron Argentina y Uruguay en las primeras décadas del siglo XX. En mi Cuaderno de notas de Manuel T. encontré este apunte sobre su naturaleza:
«El tango es premura, tensa espera del clandestino abrazo; giro redondo, paso cortado del hombre que desea y compadrea con sus íntimas artes. El tango es música que viborea entre las piernas del macho y de la hembra, mientras los rostros buscan ensimismados el propio goce. En el tango no hay amor, sólo roce; caricia procaz del que paga y espera».