lunes, 29 de noviembre de 2010

ENTRE LOBOS

El niño Manuel Camacho en Entrelobos
Entrelobos (España, 2010), de Gerardo Olivares es una película que contradice el mito del lobo como encarnación de la crueldad  al tiempo que pone su mirada en algunos hombres marcados por un sistema social vacío de humanidad.

Olivares, con sencillez narrativa y una fotografía de gran calidez cromática, sintetiza en dos horas de película la vida de un niño que durante doce años sobrevivió integrado a una manada de lobos. La historia real es la de Marcos Rodríguez Pantoja, quien, cuando tenía unos nueve años fue vendido por su padre a un cabrero de Sierra Morena, que muere al poco tiempo. Ese niño, magníficamente interpretado por Manuel Camacho, aprende que para sobrevivir en un medio hostil es más importante la solidaridad que la violencia. Su complicidad natural con otros animales y de modo particular con la manada de lobos hacen de él un ser inteligente que sigue los ritmos de la naturaleza sin perder su condición humana. Esta conducta hace resaltar más aún la brutalidad y la carencia de sentimientos de sus congéneres, desde su padre hasta el señorito del cortijo o el vengativo perseguidor de un bandolero. Es aquí donde cobra visos de certeza la célebre expresión de Plauto que luego hizo suya Hobbes sobre que el hombre es un lobo para el hombre. Pero por suerte para la civilización, también hay hombres como el mismo Marcos o el cabrero que interpreta Sancho Gracia, que rescatan al género humano de su propia crueldad. 
Entrelobos es un canto a la naturaleza que, con la ternura del protagonista y la poesía de las imágenes, nos recuerda a los humanos la necesidad de recuperar el equilibrio perdido. La necesidad de que el hombre aprenda que de la justicia y de la solidaridad de sus actos dependen la vida y la integridad de la manada.



miércoles, 24 de noviembre de 2010

TANGO [¿RARO?] EN BUENOS AIRES

Entre el 22 y el 28 de noviembre se celebra en Buenos Aires el IV Festival Internacional de Tango Queer, al que acude Berlín, como ciudad invitada de honor. El propósito de este encuentro, al que se calcula que asistirá alrededor de un millón de personas, es «construir una comunidad tanguera más abierta» y romper con «la relación de dominación» masculina.



El tango, Patrimonio Cultural de la Humanidad, es una música y una danza suburbiales que surgió como una burla de compadritos barriobajeros al modo de bailar de los negros. En esos inicios, los hombres lo bailaban entre sí y, cuando pasó a los burdeles, también las mujeres danzaban entre ellas mientras esperaban a sus clientes. En ninguno de ambos casos, aunque las parejas fuesen del mismo sexo, eran necesariamente homosexuales. Era algo normal, por decir aceptado por la sociedad. Incluso por una sociedad tan machista y prejuiciosa como la de entonces. Más tarde, a medida que se definían música y coreografía, en los bailes populares no era ni es extraño ver parejas masculinas o femeninas gozando del baile. No hay nada de raro en esto. 
Sin embargo, los promotores de un festival de tango que pretende «abrir la comunidad tanguera» y acabar con la «dominación del macho», lo primero que hacen es considerar que esa pretensión de apertura como «rara» y para hacerla más rara al oído la enuncian no en castellano o en lunfardo, que sería lo lógico, sino en inglés mediante la voz «queer» que se utilizaba para señalar despectivamente al homosexual. Un tango queer sí que suena raro.
Si realmente se quiere una apertura (?) basta con organizar un festival de tango genuinamente popular. La gente sencilla no hace distinción de sexo para divertirse. Pero parece claro que lo que se pretende es seguir cultivando la rareza de la comunidad homosexual, porque en la medida que siga siendo queer, rara, continuará reportando millones de dólares en saunas, hoteles, restaurantes, encuentros, festivales, cruceros, etc. a unos cuantos y nada raros avivados, tengan o no plumas en sus plumeros.


lunes, 15 de noviembre de 2010

LA LENGUA DE LOS GATOS

Gala sacando la lengua (Foto: Beatriz Helbling)


Científicos estadounidenses del famoso Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT) han estudiado y sacado sorprendentes conclusiones sobre la mecánica de la lengua de los gatos. El informe elaborado, en el que aparecen otras lenguas, debería llamar la atención sobre los usos que hace el ser humano de su lengua.

Uno de los rasgos más evidentes y distintivos de un gato cuando bebe un líquido es su elegancia. Sin embargo, Roman Stocker y otros estudiosos del MIT dedicaron más de tres años a investigar la mecánica de esa elegancia, la cual radica fundamentalmente en la agilidad y en la velocidad con que el animal ejecuta sus movimientos. Tales cualidades no eran sin embargo suficientes para justificar la elegancia del gato, dado que por la misma causa serían elegantes los movimientos de la trompa del elefante y de los tentáculos del pulpo. La clave está en que el gato, que se vale de las fuerzas de la inercia y de la gravedad, utiliza su agilidad para curvar la lengua hacia atrás de modo que la superficie superior toca ligeramente el líquido, al que lleva a su boca con gran velocidad. A causa de esta velocidad el líquido forma  por inercia una columna y antes de que actúe la fuerza de gravedad, el gato cierra, traga y vuelve a abrir sus mandíbulas. El perro, por ejemplo,  recoge con la lengua el agua y se llena con ella la boca antes de tragar. Según el informe, aparecido en la revista Science, la velocidad de la lengua del gato es de un metro por segundo.
La noticia debería inspirar a los más diversos especialistas -sociólogos, lingüistas, antropólogos, académicos, maestros, periodistas, etc.- a hacer un estudio semejante al que han hecho los científicos del MIT, para saber qué está fallando en la mecánica de la lengua del ser humano para que corrompa con tal velocidad el idioma y haga más difícil la comunicación. A modo de ejemplo, en el habla o la escritura cotidiana se oye y se lee paradojal por paradójico; visionar por ver; sospechado por sospechoso; evacúa por evacua; mandatar por mandar; calificación por clasificación; precalentamiento por calentamiento; picaresca por picardía; enervado por enfurecido o nervioso; parricidio por filicidio o uxoricidio; prespectiva por perspectiva; dentrífico por dentífrico, etc. Esto sin contar los numerosos errores ortográficos y sintácticos que, por ejemplo, convierten la inflexión verbal (vaya) en una cartelera (valla), un portaequipaje (baca) en un animal (vaca) o una locución adverbial (sobre todo) en un abrigo (sobretodo).
¿En qué fallamos los hablantes? ¿En la velocidad, la gravedad, la inercia o la mecánica para no hablar con la elegancia con que el gato bebe?

lunes, 8 de noviembre de 2010

CON LA LENGUA FUERA

¡keee! ¡Io escrivo komo kiero!
El lenguaje es un sistema de signos de comunicación cuya expresión dinámica, el habla individual, se asienta, como ya lo formuló Ferdinand de Saussure, en un soporte histórico, la lengua de la comunidad. Esto determina que las gramáticas y las ortografías constituyan referentes esenciales para mantener la unidad comunicacional de una lengua frente a las tendencias dinámicas del habla cotidiana motivadas por la evolución social, científica y tecnológica.

Del mismo modo que el año bisiesto viene a corregir y ajustar un desfase en el cálculo del tiempo astronómico, la nueva Ortografía de la lengua española que anuncia la Real Academia Española es una puesta al día en la grafía de algunas palabras y nombres y letras del alfabeto, que el vasto ámbito de uso de la lengua castellana y las innovaciones tecnológicas han hecho necesaria. Así se fija los nombres de las letras be, uve, doble uve y ye, para la y griega, y se eliminan como letras, no como sonidos, la ch y la ll
Asimismo algunas palabras pierden sus acentos, como guion, al que se considera un monosílabo y, ya se sabe, que los monosílabos no se acentúan, y otras los ganan, como cuórum, que además abandona su forma quorum, porque los gramáticos entienden la c ya cumple en este caso con la función fonética. La eliminación del acento es más discutible, como es en el caso de éste (pronombre) para diferenciarlo de este (artículo) o solo (sustantivo o adjetivo) del sólo (adverbio), etc. 
En cualquier caso, los ajustes están plenamente justificados si se pretende una lengua castellana moderna y práctica. Pero lo que no está justificado es la acción distorsionadora de la realidad provocada, no sólo (prefiero seguir acentuándolo) por el uso indiscriminado de eufemismos para disimular las atrocidades, pretendidos tecnicismos que fructifica la ignorancia, sino por el desconocimiento de los tiempos verbales, las malas acentuaciones o el desconocimiento de las palabras que se utilizan. Vaya como perlas muy comunes el mal sentido que se le da a parricidio -muerte que se le da al padre o la madre- cuando se lo utiliza en lugar de uxoricidio -muerte que el marido da a su mujer- o filicidio -muerte que da el padre al hijo- o la indebida acentuación que se le da a evacua que se transforma incorrectamente en evacúa
Es de esperar que maestros, profesores, padres, periodistas y no pocos escritores y poetas, y gente de esa que llaman de la calle y dada a dejar comentarios en todo tipo de diarios digitales, aprovechen estas navidades para regalar o regalarse la Ortografía de la lengua española para no confundir la ye con la ll, la c con la k, la ñ con la ny y aprender la conjugación de los verbos.

lunes, 1 de noviembre de 2010

AMOR, SEXO Y EL OJO [CIENTÍFICO]


Un grupo de científicos estadounidenses de distintas universidades ha metido mano al sexo y al amor. Su propósito es conocer las íntimas reacciones químicas que intervienen en el sentimiento amoroso y la pulsión sexual. Sus resultados son llamativos, pero no dejan en claro si son dos cosas diferentes o dos caras de una sola.

Lo que han abordado los científicos no es el amor entendido como una de las formas de la identidad humana universal y que puede llamarse "amor al prójimo", sino como sentimiento de atracción física y espiritual que lleva a dos personas a buscar el íntimo abrazo y, en muchos casos, a mantenerlo durante largo tiempo. Pero, como el ser humano no deja de ser un animal racional, esa atracción que puede ser exclusivamente física se la sublima con la etiqueta del amor. 
Ya sea sentimiento amoroso o pulsión sexual lo que habitualmente se llama amor, lo cierto es que, según informa el diario ABC, investigadores de la Universidad de Stanford han comprobado que las reacciones químicas que una u otra o ambas provocan que el cerebro secrete dopamina -hormona neurotransmisora que influye en el estado de ánimo- que tiene efectos calmantes y placenteros. El momento analgésico culminante es el del orgasmo, el cual, según Barry Komisaruk, de la Universidad de Nueva Jersey, además de conferir una mayor sensibilidad al tacto, puede disminuir, en el caso de las mujeres, hasta el 50% el dolor.
Por su parte, científicos de la universidad neoyorquina de Siracusa, han constatado la verdad sobre el amor a primera vista, el cual puede tardar un quinto de segundo en producirse. Para alcanzar una respuesta tan fulminante, las dos personas implicadas han activado al verse doce áreas de su cerebro que liberan la dichosa dopamina y otras sustancias euforizantes, como la oxitocina y la adrenalina. La jefa del equipo de esta Universidad es la doctora Stephanie Ortigue, curioso apellido que me recuerda que los hipocráticos griegos utilizaban para curar la impotencia masculina un ungüento a base de aceite y pimienta en polvo que fregaban con un manojo de ortigas en el pene y el ano del impotente.
En lo relativo a las diferencias entre géneros, los neurosiquiátras dan por cierta la creencia popular en que el hombre piensa más en el sexo que la mujer, la cual lo hace tres veces menos que aquél. Para justificar esta tendencia sostienen que la zona del cerebro masculino que activa la sexualidad es dos veces y media mayor que la zona equivalente del cerebro femenino. Esto viene también a confirmar el mito según el cual todos los hombres son hermafroditas, pues tienen el pene entre las piernas y el sexo femenino en la mente. También explica, según los resultados de una reciente encuesta realizada en España, que un tercio de los varones españoles requiera los servicios de una prostituta.