martes, 30 de junio de 2015

EN LA GRECIA DE TSIPRAS COMO EN EL CONGO DE LUMUMBA

Patrice Lumumba (1925-1961)

La actual crisis sistémica del capitalismo mundial se analiza habitualmente a partir de coordenadas económicas, como si éstas se hubiesen desarrollado mecánicamente al margen de las conductas y acciones humanas. Se olvida que en el origen de toda quiebra económica a gran escala subyacen las conductas individuales al margen de la ética de quienes controlan el poder.
Alexis Tsipras (1974)
Al finalizar la Segunda Guerra Mundial, el mundo quedó dividido en dos grandes bloques ideológicos, cuyos centros de poder, al tiempo que trazaban sus propios mapas políticos interiores y en las zonas de influencia iniciaban una nueva y sorda lucha por la hegemonía planetaria que se dio en llamar Guerra fría y que se tradujo, entre otros hechos significativos, en el estado de bienestar occidental, en la carrera espacial y en guerras locales limitadas no sólo por el control ideológico-político de determinados países sino también y, sobre todo, por el aprovechamiento de las riquezas naturales de los mismos por parte de las empresas multinacionales capitalistas.
Mientras la América Latina se convertía en el "patio trasero" de EE.UU., Corea y el Sudeste asiático eran objeto de encarnizadas guerras de dominación entre el Occidente capitalista y el Oriente comunista, África era un territorio donde los cimientos del colonialismo europeo hacían prever -equivocadamente- un proceso emancipador más o menos controlado por el espíritu civilizador de los colonizadores. Sin embargo, no sucedió así.
En toda África, en este continente cuyo mapa político había surgido del arbitrio mercantilista de los colonizadores, surgieron líderes que reivindicaron sus naciones y la dignidad de sus pueblos a la hora de emanciparse y de construir cada uno de ellos sus futuros sin tutelajes foráneos. Tan insoportable rebeldía provocó la indignación de los colonizadores quienes se sintieron insultados por la ingratitud de los colonizados de rudos modales ante la posibilidad de perder sus privilegios blancos y dejar sus riquezas en manos negras. Riquezas -petróleo, minerales, caucho- y manos que habían sido claves para que Occidente ganara la Segunda Guerra Mundial.
El congoleño Patrice Lumumba fue uno de quienes se atrevió a denunciar las verdaderas condiciones de vida creadas por el colonialismo belga y esta denuncia no sólo no fue atendida sino que fue considerada brutal, propia de un hombre, como lo eran todos los líderes africanos, sin el refinamiento de los europeos. Y esto no sólo mereció su asesinato, ordenado por los servicios secretos occidentales, sino su humillación pública, con la complicidad de la prensa internacional, y el descuartizamiento e incineración de su cuerpo, tal como lo cuentan sus ejecutores, para dar ejemplo y escarmiento ante cualquier conato de rebelión.

El refinamiento occidental ha progresado  mucho desde entonces y ahora, ya sin el freno que representaba el desaparecido bloque soviético, su objetivo ya no se limita al dominio territorial y a la apropiación de las riquezas productivas de un país a través de guerras civiles, golpes de Estado, asesinatos políticos, sino al sometimiento democrático de la sociedad humana y la reducción de sus habitantes a la condición de siervos de la gleba.
La ficción de una Unión Europea como marco protector de un modo y un estado de vida superior mitificado por la civilización occidental y cristiana ha quedado desenmascarada una vez más con el tratamiento dado a Grecia. Los acreedores, no los gobiernos miembros de la UE, que se comportan como títeres del poder económico, protestan porque no se puede negociar con Alexis Tsipras, "por su grandilocuencia", del mismo modo que los hipócritas gobernantes occidentales se escandalizaban con los modos poco refinados de los líderes africanos. No gusta a esta gente que un líder político hable a su pueblo y hable en serio de dignidad y soberanía. Tanta es su furia -como esa furia mal digerida y de pandereta que en estos días muestra la derecha española- que ahora me pregunto ¿serán capaces los señores que controlan la economía mundial de matar a Alexis Tsipras, lo asesinarán como asesinaron a Patrice Lumumba o qué muerte le buscarán?


LA [MALA] LENGUA COMO SIGNO [EQUÍVOCO] DE EQUIDAD

La lengua es un soberbio y sólido sistema de comunicación humana, que va absorbiendo progresivamente los cambios que impone la evolución so...