martes, 4 de septiembre de 2012

LA TRISTEZA DE LOS NECIOS

Ronaldo exhibe su tristeza

Las declaraciones de Ronaldo, una de las estrellas del fútbol mundial, haciendo pública su tristeza ha desatado un cúmulo de teorías sobre sus razones, la mayoría de ellas emocionales y especulativas, que se propalan por los medios de comunicación y las redes sociales con tanta velocidad como frivolidad. Pero, independientemente de la veracidad o no de dicha tristeza y de las causas o intereses que la provocan, cabe reflexionar sobre el hecho mismo del anuncio.

El domingo 2 de septiembre, tras un partido cuya única trascendencia era la victoria de su equipo, el jugador Ronaldo se mostró abúlico a pesar de marcar dos goles y al final anunció que estaba triste y que «la gente del club» ya sabía por qué. La reacción fue inmediata y, como corresponde a unos medios de comunicación y a una sociedad que se nutren del espectáculo, entró en el ancho cauce de la frivolidad. En primer lugar, cabe considerar que el señor Ronaldo es tan vulnerable a la tristeza o a la angustia existencial como cualquier otro ser humano, pues el alma no atiende a statu social ni a posesiones materiales, aunque la sabiduría popular,  que ha consagrado aquello de que «el dinero no hace a la felicidad», ahora parece rechazar la posibilidad de tristeza a un rico.
Es cierto que la angustia, la depresión y cualquier otra caída del espíritu, del ánimo o de la voluntad constituyen un lujo que la gente corriente no puede permitirse porque, en general, está abocada a la lucha por la supervivencia; una lucha en la que actualmente están comprometidas millones de personas sin trabajo, sin casas, sin sanidad, pero esto no quita que los ricos no puedan estar tristes o ser infelices a pesar de sus fortunas. No se puede aceptar o negar que alguien esté triste, porque la tristeza no es un derecho sino una emoción básica del ser humano. No caben, por tanto, ni el rechazo ni la burla.
Sin embargo, lo que cabe cuestionar es si un rico, y más un rico con una actividad pública, tiene derecho a exhibir su tristeza, cualquiera sea su causa, y convertirla en un espectáculo que deviene, quiera o no, burla social. Esto es inmoral, porque el escándalo no es que Ronaldo esté triste sino la falsa creencia de que su tristeza ha de ser epicentro emocional del mundo; la pretensión de que su tristeza es más grande e importante que la de millones de personas para las cuales satisfacer sus necesidades cotidianas es una lucha ardua y desesperada. El escándalo moral es convertir esta emoción como valor de cambio para obtener prebendas personales, afectivas o económicas, sin consideración ni sensibilidad hacia el sufrimiento y la angustia del prójimo. 
  

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