jueves, 9 de abril de 2009

CARTAS Y COMENTARIOS AL DIRECTOR

Los directores de periódicos han tenido siempre en consideración las cartas de sus lectores, pues a través de sus opiniones, informaciones o denuncias, pueden acceder a puntos de vista diferentes o estados de ánimo que forman parte de esa compleja realidad social que los medios procuran revelar. Las cartas de los lectores, parte inherente de la prensa escrita, principalmente de la democrática, no reflejaban sin embargo el carácter de toda la sociedad, sino de un sector más o menos instruido de la misma, independientemente del credo político, religioso o clase social del corresponsal.
Las nuevas tecnologías, al favorecer la participación ciudadana con sus cartas y comentarios, han ampliado sensiblemente el espectro del lector activo hasta reflejar de modo bastante aproximado la personalidad dominante de cada sociedad y exponer de modo desolador las miserias y carencias de las masas.
Las opiniones de los lectores, quienes ahora hasta pueden comentar la más insignificante de las noticias, han convertido el derecho democrático a opinar en una exposición obscena de ignorancia colectiva, sentimientos primarios y, lo que es más grave, de lo que algunos sociólogos llaman «indiferencia moral». Un concepto que explica por qué la sociedad globalizada se conmueve puntualmente, por ejemplo, con la muerte de las 3.045 personas en los atentados del 11 de septiembre de 2001 en EE.UU. o de las 190 en los atentados del 11 de marzo de 2004 en España, y no le resulta igualmente conmovedor que mueran al día, también por ejemplo, 24.000 personas por hambre, 6.000 por diarrea y 2.700 por sarampión, de las cuales la mayoría son niños.
Cabe pensar que esta indiferencia moral de las masas es más amenazadora que las pregonadas armas de destrucción masiva. Cabe pensar que estas masas ignorantes e indiferentes son las responsables, como parte de un juego perverso del sistema, las que alimentan el poder y propician epidemias mortíferas, ficciones económicas, ilusiones consumistas, hambre e injusticias, a través de consorcios económicos y financieros multinacionales, dictaduras y, con su voto, gobiernos o gobernantes inmorales, que bien ejemplifican los de Fujimori en Perú (1990-2000), y George Bush en EE.UU. (2001-2009), y Silvio Berlusconi en Italia, entre muchos otros.