
La piratería, al afectar gravemente la percepción de los derechos de autor, sitúa a cientos de escritores en condiciones de extrema precariedad económica y laboral. Pero no debe atribuirse la práctica de la piratería sólo a mercaderes inescrupulosos que editan de contrabando libros, generalmente best-selles o de autores famosos. También un grupo de grandes editoriales piratea a los autores manipulando las tiradas para escamotearles importantes cantidades en el pago de sus derechos o mediante contratos leoninos, muchas veces tramitados a través de los llamados packagers, en los que directamente se apropian de la totalidad de los derechos para todos los ámbitos geográficos e idiomáticos e incluso de los derechos reprográficos que se liquidan a través de CEDRO al inscribirse en el ISBN como titulares de las obras.
Son centenares los escritores víctimas de esta realidad que los obliga a un trabajo a destajo, sin que esto suponga escapar de la precariedad laboral. Una de las cosas que el público lector y también aquellos que claman por una presunta cultura popular han de saber es que los escritores y sus familias no viven del aire y no tienen por qué agonizar por amor al arte. Por esta razón, sería muy interesante que la ministra de Cultura, señora González-Sinde, se aproximara a esta realidad donde impera la piratería de toda laya y diera pasos efectivos para que el fruto de la creación y la edición se reparta con equidad.