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EL LATAZO DE LA COPA DEL REY

En la final de la Copa del Rey de fútbol que disputaron el Barcelona, que la ganó, y el Athletic Club de Bilbao ocurrieron dos incidentes significativos. El primero de ellos fue la gran pitada con que gran parte de las dos hinchadas tapó los acordes del himno nacional mientras hacían ondear sus ikurriñas y senyeres esteladas. Fue una expresión de fe nacionalista más contradictoria que bronca, pues la copa que los clubes que tales hinchadas sustentan habían aceptado disputar era precisamente es la del Rey, quien, por otra parte, la entrega al capitán del equipo ganador. El incidente, que TVE intentó torpemente disimular, revela en lo que tiene de visceral hasta qué punto cala en las masas populares el mensaje manipulador de las formaciones políticas nacionalistas. Partidos que juegan con la visceralidad populista y las etiquetas identitarias valiéndose de los espacios de libertad del estado de derecho. La pitada al himno fue tan insensata como ridículo es que un partido nacionalista, por ejemplo, se autotitule republicano y acepte la monarquía constitucional para disfrutar del juego político y co gobernar una autonomía con otro que considera españolista.
El segundo incidente fue el lanzamiento de una lata que impactó en la cabeza de un jugador, quien afortunadamente no resultó herido. Pero el hecho cobra importancia en la medida que los mismos aficionados a los que pertenecía el agresor y, probablemente, muchos de los que protagonizaron la pitada, lo reprendieron y denunciaron. Seguramente es exagerado tratar de extrapolar el incidente como una metáfora de la vida política, en este caso de la vida política vasca. Pero, aún así, me gustaría pensar de que algo está cambiando en esa sociedad harta del terrorismo nacionalista y que serán los propios ciudadanos vascos quienes acaben por reprender y apartar a los violentos de bala, como los ciudadanos españoles en su conjunto apartaron a los violentos de palabra y hostia.
Imagen: El jugador Dani Alves tras recibir el impacto de una lata en la cabeza. Foto: Diario Marca.

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