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¿QUÉ HACER CON ESO QUE LLAMAN LITERATURA?

Responder a esa sencilla e insidiosa pregunta ¿qué es literatura? no es nada sencillo. Ni siquiera Jean-Paul Sartre, entre otros filósofos, logró una respuesta satisfactoria.
Sin embargo, si de algo estoy seguro es de que no entra en su definición la mayoría de las novelas, cuentos, poemas, ensayos, etc., que ahora llenan los escaparates de las librerías, kioscos, supermercados y papelerías al tiempo que quedan en los cajones obras que los mismos responsables de su edición no consideran apropiadas para su publicación por «literarias».
La gran confusión entre lo que es y no es literatura se produjo a partir del momento en que la actividad editorial se convirtió en una industria que convirtió el producto del artista en un objeto de consumo. El hecho, como parte del proceso evolutivo de la sociedad del ocio, no tiene nada de malo en sí. Pero resulta nocivo en la medida en que esos productos concebidos con criterios mercantiles para el mero entretenimiento de las masas fagocita la creación artística impidiendo, como bosque de eucaliptos, que nada crezca bajo su sombra.
El fariseísmo mercantil no sólo alcanza a las grandes casas editoriales sino también a aquellas que, con la etiqueta de «independientes» aparecen como la respuesta seria y ofrecen como producto salvador el pretendido best-seller literario o algo parecido tocado de cierto halo intelectual mientras completan su catálogo con «clásicos rescatados». Y en este contexto, son poquísimas también las pequeñas editoriales, surgidas ahora al amparo de las nuevas tecnologías y de subsidios ministeriales, autonómicos o municipales, que no sueñan con producir un best seller o contar con un «autor mediático» que las coloquen en el candelero, y que no acaban cayendo en la tentación mercantilista traicionando sus principios u olvidando buscar los instrumentos para fortalecerse en un campo que es mucho más amplio de lo que las toneladas de papel vertidas en los escaparates y mesas de las librerías hacen suponer.
Hoy parecería que lo único digno de llamarse literatura son esas producciones costumbristas que canonizó el realismo del siglo XIX que aparecen en forma de novelas históricas, negras, de aventuras, etc., es decir, eso que llaman «literatura de género», la cual podrá generar algunas buenas obras pero que no deja de ser menor. Por eso, casi seguro, que desde hace mucho tiempo los escritores ya no se preguntan de verdad ¿qué es escribir? ¿por qué se escribe? ¿para quién?. Acaso quién sí se ha hecho algunas de estas preguntas es Koji Susuki, un exitoso escritor japonés, autor de Ring, cuya versión cinematográfica es la más taquillera de Japón. Ignoro en qué momento y en qué lugar se interrogó, pero está claro cual fue la respuesta que se dio a sí mismo y por ello acaba de publicar Drop, su última creación, en rollos de papel higiénico de la casa Hayashi Paper. La idea es un gran éxito de ventas y miles de lectores que acuden al supermercado o a la droguería ahora saben qué hacer con eso que ahora llaman literatura.
Imagen: Koji Susuki y su obra.

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