viernes, 12 de marzo de 2010

PASIÓN Y VERGÜENZA EN LA CULTURA

En Londres se ha inaugurado la exposición El sueño de Miguel Ángel, que reune una importante colección de cartas, poemas y dibujos que prefiguran algunas de las creaciones más significativas del genio italiano. En su conjunto, la obra de quien en vida ya fue llamado el Divino manifiesta el poder del artista como creador. «Un poder sustentado en el vigor físico y la pasión, ese intenso arrebato, la terribilità», que definió su obra y su personalidad, tal como escribí en Miguel Ángel (Sol 90, 2006). El dolor, el deseo, el amor y el sentimiento religioso constituyen un tejido de contradicciones que tensa toda su obra. Grato es el sueño y más el ser de piedra, / mientras el daño y la vergüenza duran; / no ver, no sentir me es gran ventura; / no me despiertes, no, habla más bajo, dice uno de los poemas anotados en su cuaderno.
Con interesada torpeza, los promotores de la exposición londinense inducen al público a pensar que la pasión que late en la obra del artista fue fruto casi único de su condición homosexual y de su amor fou por el joven y hermoso Tommaso dei Cavalieri. «Todas las dudas que hasta entonces habían tensionado su arte aparecieron lacerando su alma y su cuerpo», digo en el libro ya citado, pero el tormento de su alma no procedía tanto de la atracción que sentía por Tommaso, como del deseo carnal que entraba en colisión con el deseo espiritual de alcanzar la belleza.
«Vivo para el pecado, vivo muriendo; mi vida no es mía, es del pecado; el bien me viene del Cielo y el mal de mí mismo», escribe el viejo genio por esa época. La terribilità alcanza su punto culminante en el momento en que pinta en la capilla Sixtina el Juicio Universal, «obra en la que aflora el tormento que devora su alma y su cuerpo». Pero la honestidad y la pasión del artista colisionan con la hipocresía y los prejuicios morales y religiosos hasta que en 1559, Daniele Volterra, por orden del papa Paulo IV, cubrió las «vergüenzas» de los desnudos y se ganó el mote popular de Braghettone.
La estirpe de los braghettoni no ha desaparecido y se la puede reconocer en aquellos que disfrazan su puritanismo con un frívolo liberalismo, como los publicistas de la exposición londinense, o en quienes desnudan las paredes de un museo valenciano para ocultar las vergüenzas de la corrupción política de sus gobernantes.
Imagen: El sueño, de Miguel Ángel.

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