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LA LIBERTAD COMO SUBPRODUCTO

La noción de libertad, si bien ha sido expresada y utilizada de muy diversas maneras según los momentos históricos y los contextos políticos y culturales, se define fundamentalmente por la capacidad inmanente del ser humano para obrar de un modo u otro o de no obrar. Por esta vía la libertad alcanzó el carácter de derecho fundamental que, en la actualidad, los intereses particulares han reducido a mero subproducto del orden económico.

La libertad fue expresada por los pensadores griegos como una facultad natural del ser humano de acuerdo con la cual podía sustraerse al determinismo cósmico, sea entendido éste como el Destino o la Naturaleza, y también como un concepto social y político que permite a una comunidad humana «regirse sin interferencias de otras comunidades y en cuyo seno los individuos obran acordes con las leyes» (1)
Desde aquel momento histórico, la libertad ha sido objeto de reflexión tanto en el orden filosófico como social, político y religioso. Al margen de otras consideraciones, la libertad es hoy el campo de batalla donde dirimen su hegemonía las concepciones republicana y liberal de la misma y de cuyo resultado depende la felicidad o infelicidad de la mayoría social.
Para el liberalismo la libertad «es un derecho natural del individuo a quien no cabe poner interferencias a su voluntad» y, consecuentemente, las leyes deben ser hechas para favorecerla. Para la tradición republicana, la libertad se concibe «como no dominación de unos sobre otros» ya que «la libertad individual no existe en sí mismo sino como expresión de la libertad colectiva concebida como un todo». Esto significa que para el republicanismo la libertad no es un derecho natural, el cual supone reconocer y aceptar la ley de la selva, donde prevalece el más fuerte, sino que «emana de las instituciones políticas republicanas y de las leyes que garantizan la convivencia en armonía dentro de la comunidad», porque los «ciudadanos libres hacen las leyes y las leyes hacen la libertad». Dicho de otro modo, el individuo es libre en la medida que la comunidad a la que pertenece lo es.
El liberalismo, cuyo correlato emocional es el romanticismo, constituye el fundamento ideológico sobre el cual se ha desarrollado el capitalismo que ha hecho del individuo y no la sociedad el motor del progreso científico y tecnológico, paradigma que se consagra con la expresión «iniciativa privada» con alto valor positivo. Esto significa que, mientras para el republicanismo la libertad política se plantea en la espacialidad determinada por el desarrollo económico y cultural armónicos, que permite a los ciudadanos influir en las estructuras instituciones y orientar las políticas de sus gobiernos, para el liberalismo dicha espacialidad se traduce como mercado, dentro del cual los ciudadanos se convierten en consumidores. Esto viene a explicar los ataques del neoliberalismo al Estado y las estructuras políticas y económicas públicas sobre las que impone la «libertad de mercado» y sus leyes en detrimento de la libertad y felicidad de los ciudadanos en su conjunto. 
Llegados a esta encrucijada, en la que la libertad, como «no dominación de unos sobre otros», es una palabra muerta viviente, la felicidad futura de la ciudadanía depende de la toma de conciencia de los ciudadanos de este estado de cosas y de su voluntad de transformar radicalmente el vínculo con sus representantes -políticos, sindicales, gremiales- recuperando las riendas de la acción política. Sin ésta, la libertad seguirá siendo un subproducto y los ciudadanos esclavos/consumidores del orden económico capitalista.
(1) Diccionario político. Voces y locuciones, Antonio Tello (El Viejo Topo, 2012)

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