lunes, 15 de febrero de 2010

LA HUMILDAD DE ÁLEX DE LA IGLESIA

La posibilidad de que las cosas cambien es real. No sólo porque Álex de la Iglesia, presidente de la Academia Española de Cine, haya perdido treinta y cinco kilos y haya conseguido que Pedro Almodóvar vuelva a la casa que él preside, sino porque ha hecho visible un cambio de actitud. Su solicitud de humildad es quizás lo más radical que he escuchado desde los tiempos en que los hijos del mayo del 68 soñaban con llevar la imaginación al poder.
En su discurso, Álex de la Iglesia ha revelado a sus colegas y, a través con ellos, a todos los creadores, una verdad que en este contexto socioeconómico y en este tiempo es casi de perogrullo. Todos los creadores -cineastas, pintores, escritores, traductores, guionistas, etc.- son (somos) trabajadores. «Creemos que somos artistas, genios alternativos, creadores. Antes de todos eso, somos trabajadores», dijo De la Iglesia en la entrega de los Premios Goya.
El desconocimiento o descreimiento de la condición de trabajador de los artistas ha tenido hasta ahora consecuencias perjudiciales para la mayoría que no vive del glamour ni del pasacalle mediático. La soberbia, la vanidad y la errónea creencia de los creadores de estar por encima de los valores y las necesidades cotidianas se traducen colectivamente en el malpago de sus creaciones, el pirateo habitual de sus derechos, la inseguridad social, el maltrato fiscal, los contratos draconianos, etc.
La llamada de atención sobre esta realidad hecha por Álex de la Iglesia en el acto de entrega de los Premios Goya tiene que hacer reflexionar a creadores e intelectuales sobre la ineludible necesidad de cambiar de actitud, sacudirse la soberbia y ser más humildes. No somos elegidos, seres etéreos que pueden vivir del aire y por amor al arte. Los creadores somos trabajadores -del cine, de la música, del libro, del espectáculo, etc.- y como tales hemos de exigir la satisfacción de nuestros derechos y de las plusvalías de nuestra producción. Esta toma de conciencia es necesaria para que los egos cedan en beneficio de este colectivo de trabajadores que forman los artistas y todos aquellos que intervienen en la industria cultural.
Imagen: Álex de la Iglesia. Foto El País.