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NOBEL PARA VARGAS LLOSA


Mario Vargas Llosa según Mechaín Doroteo
La concesión del premio Nobel de Literatura a Mario Vargas Llosa constituye otro explícito reconocimiento a una de las generaciones más brillantes de la historia de la literatura hispanoamericana. Una generación que,  estrechamente vinculada a la poesía, revolucionó la prosa continental.

En la estela de los grandes maestros como Borges, Asturias, Roa Bastos, Onetti  y Carpentier, la generación de los Vargas Llosa, García Márquez, Octavio Paz, Julio Cortázar, José Donoso, Juan Rulfo,  etc. también abrevó en las fuentes creativas de Rubén Darío, Leopoldo Lugones, Macedonio Fernández, César Vallejo, Pablo Neruda, entre otros muchos, para conformar la definida personalidad de literatura continental, a la que habría que añadir también a los grandes creadores brasileños, como Jorge Amado, Vinicius de Moraes, Drummond de Andrade y Joaquim Pedro de Andrade, quienes lamentablemente fueron ignorados por la Academia sueca.
Ser heredero de una rica tradición literaria y proyectarla a la modernidad requiere talento y ese talento es el que  -deseo- ahora se ha premiado con el galardón universal. De ser así, Mario Vargas Llosa debió recibir el Nobel mucho antes de que su deriva conservadora llevaran sus libros hacia el adocenamiento mercantil y a la exaltación  del canon realista decimonónico para favorecer la institucionalización del estilo único de acuerdo con los intereses de los grandes grupos editoriales. Quiero pensar que el premio Nobel ahora otorgado ha sido un reconocimiento al gran Vargas Llosa de Los jefes, La ciudad y los perros, La casa verde y, sobre todo,  Conversación en La Catedral.  Libros éstos que trasuntan verdad artística y determinación para hallar una forma expresiva que responda a la complejidad de la identidad latinoamericana.

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