martes, 28 de septiembre de 2010

LA IMPORTANCIA DE LA HUELGA

La huelga europea del 29-S ha sido convocada tarde y mal y ello ha creado no poca desorientación entre los  ciudadanos acerca de sus verdaderos objetivos. Sin embargo, es necesaria.

No pocos, en España, creen que la huelga se hace contra la "crisis del capital", otros contra la reforma laboral impulsada por Rodríguez Zapatero e incluso contra su gobierno o como un pulso entre sindicatos y empresarios. En este río revuelto, los pescadores de siempre quieren sacar ganancias. El PP se proclama partido de los trabajadores y la Iglesia abandera "la vida" contra el ateísmo socialista.
A pesar de todo esto, la huelga es necesaria porque se presenta como una oportunidad para que los trabajadores -dependientes o autónomos-, aunque no tengan claro los objetivos, se sacudan el pequeño burgués que han gestado dentro de sí y así recuperen su conciencia de clase. De este modo estarán en condiciones de generar radicales cambios en las estructuras y estrategias de los sindicatos, cuyos dirigentes han acabado siendo blandos sparrings de los patronos. 
La huelga es necesaria, porque puede ser el primer paso para cohesionar a la ciudadanía no contra el Gobierno, sino contra el poder de financieros y especuladores que, por encima de los Estados, han provocado guerras -la de Iraq, entre ellas- cuya factura estamos pagando, y hundido la economía mundial mediante, entre otros recursos, las hipotecas basuras, los precios del petróleo y de los alimentos básicos y el pretexto del terrorismo.
La huelga europea es necesaria porque puede ser el origen, aunque parezca utópico, de un movimiento  mundial orientado a recuperar la soberanía ciudadana para generar sistemas de gobierno más justos a la hora de repartir las riquezas y más comprometidos en la lucha contra la violencia y la corrupción. Vale la pena perder un día de salario, los que aún lo tengan, antes que seguir hipotecados a un poder que cada día que pasa devora derechos laborales y conquistas sociales.

lunes, 20 de septiembre de 2010

EL TOTALITARISMO DE LA INDIFERENCIA

El diccionario de la RAE define la indiferencia como «el estado de ánimo en que no se siente inclinación ni repugnancia hacia una persona, objeto o negocio determinado». Dicho estado de ánimo parece haberse extendido sobre la sociedad moderna hasta sumir a los individuos en un profundo autismo autodestructivo.

Según algunos pensadores, los regímenes ultraconservadores de Thatcher en el Reino Unido y Reagan en EE.UU. sentaron las bases de la indiferencia como sistema de dominio social. Pero si bien estos gobiernos, con la bendición pontificia de Juan Pablo II adormecieron la conciencia social convirtiendo al individuo en un ser timorato y egoísta sometido a la corrección política, el proceso que ha llevado a la indiferencia a la categoría de régimen «totalitario», en palabras de Josep Ramoneda en su libro Contra la indiferencia, arranca desde mucho más atrás, en la segunda posguerra mundial, valiéndose de las armas del consumo y del terror. La industrialización de ambos conceptos ha desembocado en la generación de individuos atemorizados que consumen compulsivamente para calmar las pulsiones humanas de sus conciencias.
Indiferencia es asistir con naturalidad a los brotes de racismo, a la exacerbación de los nacionalismos, a la escandalosa especulación con los alimentos y a la depredación de la naturaleza; creer que el terror de ETA o Al-Qaeda es más importante que, por ejemplo, los contratos basura, el hambre, la pobreza y la indefensión de millones de personas en el mundo. Indiferencia es vitorear a un líder religioso que ha amparado bajo su solio a delincuentes morales o votar para las altas responsabilidades de gobierno a políticos corruptos. La indiferencia es esa forma de inacción que permite que el mal anule la voluntad que mueve el mundo e ilumina la justicia.

martes, 14 de septiembre de 2010

LOS IDIOTAS DEL ROCK

Corazón de rock'n'roll, de Inés G-Merás
El inteligente y lúcido crítico musical Diego A. Manrique publica en El País (13.09.2010) su particular e ingeniosa «Guía del rock para idiotas». Se trata de nueve tópicos que reflejan el grado de tontería que alcanzan los supuestos fanáticos, pretendidamente entendidos, del rock & roll, pero que bien pueden aplicarse a otros géneros musicales, literarios e incluso al fundamentalismo religioso o ideológico.

  1. Sólo escucho música en vinilo, con la pretensión de darse imagen de viejo experto, como si el vinilo incidiera en la calidad de los contenidos. Conozco a algunos que dicen a los clásicos sólo los leo en ediciones de bibliófilo.
  2. Ya no se hace música como en los ochenta, que es como decir todo tiempo pasado fue mejor o la juventud está perdida.
  3. X me gustaba más en los primeros tiempos, frase típica del estúpido vanidoso que va de entendido, que podría traducir a la literatura diciendo que el mejor García Márquez es el de la Hojarasca, cuando sólo era conocido por su madre a la hora de comer, y no el que escribió Cien años de soledad.
  4. "Indie" significa "independiente", frase con la que se quiere otorgar patente de libertad para los artistas a las pequeñas productoras sólo por ser pequeñas. En realidad, aquí tampoco cuenta el tamaño y la libertad de crear se la gana cada uno.
  5. Los nuevos modelos de negocio permiten la autonomía del artista es algo tan tonto como decir que el capitalismo de la era digital es menos extorsivo que el de la era analógica.
  6. Las críticas no importan; los artistas no leen. Tampoco lee la mayoría de los críticos, pero es parte del negocio.
  7. Los festivales son buenas ocasiones para descubrir música. La pregunta que se deriva es ¿quiénes decubren qué música? Supongo que, como los encuentros y ferias de libros, los festivales son buenas ocasiones para tomar copas y comer.
  8. La radio musical no tiene sentido en la era de Internet ¿de verdad?
  9. La música debe ser gratis; los artistas ya ganan bastante dinero con el directo. Y también deben ser gratis la electricidad, la medicina, la vivienda, la fontanería, el transporte, etc. Aunque seguro que la crisis y el paro está causada porque a unos músicos y escritores avariciosos se les ocurre cobrar derechos de autor.

lunes, 6 de septiembre de 2010

EL ESPACIO DE DIOS

Fragmento de la Creación, de Miguel Ángel (Capilla Sixtina)
El científico Stephen Hawking, autor de la célebre Breve historia del tiempo, afirma en su nuevo libro que para explicar el Universo no es necesaria la existencia de Dios. Ante esto, la Iglesia ha puesto el grito en el cielo y con ella no pocos científicos.

James Joyce, en las primeras páginas de Retrato del artista adolescente, ponía en la mente de Stephen Dédalus esta reflexión: «¿Qué había después del universo? Nada. Pero, ¿es que había algo alrededor del universo para señalar dónde se terminaba, antes de que la nada comenzase? No podía haber una muralla. Pero podría haber allí una línea muy delgada, muy delgada, alrededor de todas las cosas. Era algo inmenso el pensar en todas las cosas y en todos los sitios. Sólo Dios podía hacer eso. Trataba de imaginarse qué pensamiento tan grande tendría que ser aquél, pero sólo podía pensar en Dios. Dios era el nombre de Dios, lo mismo que su nombre era Stephen».
Dios es ante todo una idea humana con una amplia gama de significados, a veces contradictorios y no pocas veces autoexcluyentes, que ocupa el espacio de aquello que el ser humano ignora. Gracias a esta premisa que se ha revelado fundamental desde que la formuló el hombre de las cavernas, la noción de Dios ha perdurado hasta hoy. Sin duda los científicos no tienen necesidad de apelar a la existencia de Dios para explicar el origen de la vida y del universo, porque una "X" les basta para sustituir el valor que ignoran de la fórmula. La ciencia se funda en la razón y la experiencia. Pero muchos individuos sí necesitan de la noción de Dios para afrontar espiritualmente su soledad existencial y todo lo que no saben sobre la finitud de la vida, su extrema brevedad, y el temor que les produce la muerte. Él es una entidad moral en la que delegan toda explicación de la experiencia de su ser en el mundo. Un temor atávico a lo desconocido sobre el cual se han levantado las religiones y construido imperios extrarradios de la razón. Los científicos, aun los creyentes, saben que sus descubrimientos han ido arrinconando y obligando a la noción de Dios a cambiar de significados. Pero que también ellos trabajan con nociones, teorías, y que más allá de los límites de sus métodos se extiende el vasto espacio de las incógnitas. El espacio de eso que algunos llaman Dios.