lunes, 3 de enero de 2011

CATALUÑA EJEMPLAR

José Montilla felicita a Artur Mas

El 23 de diciembre de 2010, tuvo lugar en el Palau de la Generalitat de Catalunya, la toma de posesión del nuevo presidente autonómico. La ceremonia fue, dentro del marco que impone el protocolo institucional, altamente reveladora del talante personal de quienes la protagonizaron.

El acto de traspaso de poderes, tras dos legislaturas de gobierno tripartito, del socialista José Montilla al convergente Artur Mas fue sencillamente ejemplar. Es cierto que hubo detalles, como la abstención del PSC facilitando la designación del nuevo presidente, que favorecieron la cordialidad, pero lo importante es que tales detalles eran fruto de un modo de ver y entender el juego político en un espacio democrático. Montilla y Mas representaron en esos momentos a dos políticos convencidos de que las diferencias ideológicas o partidistas no son obstáculos insalvables para el diálogo, sobre todo cuando se trata de administrar y gestionar la res publica y favorecer el bien de la comunidad.
Teniendo en la memoria el lenguaje violento y de descalificación permanente del rival sancionado como modus operandi por el principal partido de la oposición nacional, el comportamiento de la mayoría de formaciones políticas catalanas constituye un alentador toque de atención para el resto de la sociedad española, sobre la cual ha caído una permanente pedrea tergiversando la realidad social y política de Cataluña y el clima tolerante que prevalece en su ciudadanía. 
Es cierto que el nacionalismo catalán, representado fundamentalmente por Esquerra Republicana, constituyó un serio lastre para la implementación de políticas más positivas desde el gobierno autonómico y que sus actitudes favorecieron el discurso irascible del nacionalismo españolista, pero también es cierto que muchos de estos exabruptos sólo se produjeron en el marco de acción partidista y no en el campo de convivencia cotidiana de la ciudadanía. También las lenguas catalana y castellana conviven pacíficamente contradiciendo ese mito falaz de la marginación del castellano parlamente. Quien crea esto, simplemente tiene que hacerse la pregunta de porqué Barcelona es la capital mundial de la edición en lengua castellana y le responderá la realidad de una lengua fuerte y saludable, sin temor ni agresividad hacia su hermana romance.