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ZOMBIS Y TECNÓCRATAS



La campaña electoral pone de manifiesto la carencia total de argumentos, ideas y propuestas serias a través del discurso de una clase política que parece haber asimilado la derrota del Estado y estar resignada a rendir y entregar al ciudadano, con los escasos bagajes que le quedan, al triunfante y todopoderoso mercado.

El debate a dos que tuvo lugar el pasado 7 de noviembre pareció confirmar que esta clase política española, tanto como toda la clase política occidental, da por hecho que al fracaso del sistema comunista le ha seguido el colapso y fracaso del sistema democrático.
Con la complicidad de los medios de comunicación que, de manera vergonzosa, se ocuparon más de la corbata y de los gestos de los candidatos que de lo que decían y no decían y denunciar el sinsentido llevado a espectáculo de masas, los representantes de los dos partidos mayoritarios se abroquelaron en su impotencia. Uno sin decir nada y el otro a exponer, tan tímidamente para que el poder económico-financiero no le diera un varapalo, la necesidad de que el Estado debía recuperar, tal como lo expuso Keynes, las riendas de la economía y liderar la reactivación de la productividad, el consumo y el empleo.
Ni tales contendientes, ni los otros que están en liza, parecen reaccionar al tratamiento de shock que han sufrido y los ha convertido en zombis neoliberales que confunden las leyes de la vida con las leyes del mercado. Incluso ignoran que estas leyes son en realidad una y que la formuló Jean-Baptiste Say en ¡1803! cuando el capitalismo estaba en pañales y que dice algo tan estúpidamente elemental como que "no hay demanda sin oferta" y que si hay oferta, habrá demanda y si hay demanda habrá empleo y si hay empleo habrá consumo". Pero claro, para que esta ley funcione tiene que haber libertad de mercado. Exactamente lo que dijo el jefe del Partido Popular  -aunque la oratoria no es lo suyo- cuando aludió a su plan de choque para recuperar empleo, sin decir que la mentada libertad de mercado exige privatizar sanidad, transportes, educación, energía, etc. Algo que contradice flagrantemente su reivindicación de la "soberanía popular frente al mercado y los tecnócratas" -como titula el diario ABC-, y su afirmación de que ha llegado "la hora de los buenos gobernantes", justo en el momento cuando en Grecia e Italia asumen el gobierno tecnócratas que el pueblo ni siquiera ha elegido y cuyo historial los sitúa en el epicentro del poder que sacude los cimientos de la misma civilización occidental.
La ceremonia de la confusión se celebra a través de un discurso contradictorio sostenido por palabras carentes de sentido y de la fuerza que les da la coherencia ética. Lo que necesita España -y con ella todo el mundo globalizado- no es un "gobierno como dios manda", es decir el mercado, sino como manda el contrato social y el compromiso de los representantes con la ciudadanía de velar por el bienestar y la felicidad de la comunidad y no por la libertad neoliberal del mercado, porque ésta significa la libertad de unos pocos y la esclavitud de todos los demás.

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