sábado, 12 de abril de 2008

¿Quo vadis Cristina K?


El problema básico del gobierno argentino de Cristina Fernández de Kirchner está en el peronismo, un movimiento populista atomizado en infinidad de reyes de taifas. Pero, además, CK tiene otros tres factores de distorsión. El primero radica en la contradicción ideológica que supone creer que hay un peronismo de izquierdas. Tal cosa no existe ni ha existido nunca. El segundo radica en que una sociedad tan machista como la argentina parece no poder soportar la condición de mujer de la presidenta, un hecho que se agrava cuando CK hace coincidir el resentimiento social del lumpen, que el peronismo utiliza para movilizar sus bases, y su propio resentimiento personal frente al sexismo del medio. El tercer factor de distorsión es la propia personalidad de CK, una mujer que no parece estar dotada para el diálogo y que se ve arrastrada a situaciones conflictivas por la prepotencia de su conducta y la arrogancia de su discurso. CK debería mirarse más en el espejo de su colega Michelle Bachelet, que en el de Margaret Thatcher. Un jefe de Estado tiene la obligación de dar ejemplo de sensatez y capacidad política, pues en sus manos está el gobierno, administración y gestión del país, y de la economía y el bienestar de todos sus habitantes. Un jefe de Estado serio no aparecería nunca al lado de individuos como D’Elía.
Es verdad que muchas de las reivindicaciones de los productores del campo son discutibles y que su lock out carece de legitimidad, pero un Estado de derecho tiene mecanismos legales y recursos formales para situar las cosas en su sitio. Un Estado de derecho no utiliza a patotas de piqueteros y camioneros, para disuadir, ni tampoco carga contra la prensa a cuya crítica confunde con oposición. Si bien es cierto que ésta en Argentina no existe, porque toda la actividad política se dirime en el marco del peronismo, el gobierno de CK debería reflexionar y procurar gobernar con responsabilidad y rigor. Debería sacurdirse sus complejos y resentimientos y eliminar de su patrón de conducta los tics autárquicos y caudillescos del peronismo. En el vocabulario práctico de la dirigencia política del país debería figurar la palabra «civilidad» si su propósito es convertir Argentina en una nación moderna y realmente culta ¿o es que la medida de la modernidad y de la cultura la dan los piqueteros?