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EL ÚLTIMO OREJÓN EDITORIAL DEL TARRO

Barcelona es considerada la capital mundial de la edición en lengua castellana. Esto significa que la industria editorial española, concentrada en la capital catalana y en Madrid, constituye uno de los principales motores de la economía nacional. Sin embargo, esta situación no tiene su correlato en el statu de sus trabajadores, el cual es equivalente al de un obrero del siglo XVIII. Encuadrados como autónomos y en muchos casos ni eso, redactores, maquetistas, correctores, diseñadores gráficos, ilustradores, etc., no sólo deben afrontar el pago particular de sus impuestos y de los gastos ocasionados por el desempeño de su tarea, sino soportar la presión que supone la avidez económica de los grandes grupos editoriales y de sus brazos extensibles, los llamados packagers, que abarata sus retribuciones y escamotea sus derechos de autor. Días pasados, un grupo de trabajadores del sector, profundamente afectados por una situación que va más allá de los efectos inmediatos de la inefable crisis, publicó en el diario El País una carta cuyos párrafos finales transcribo y suscribo:

«Desde mediados de los años noventa, las tarifas se han estancado nominalmente e incluso se han reducido a veces. Obsesionados por la reducción de costes, al parecer función ineludible de los ejecutivos para mantenerse en el cargo, las grandes editoriales han impuesto presupuestos de realización cada vez más raquíticos, lo cual repercute directamente en la retribución de los autónomos. Diversas causas refuerzan esta tendencia: proliferación de packagers e intermediarios, ausencia de una asociación defensora de nuestros intereses(*), miedo a quedarse sin trabajo si no se aceptan las condiciones dictadas, actividad menguante. Últimamente, presionados por sus clientes, muchos packagers ya no se atienen, como solía ser costumbre, a una tabla de tarifas por tipo de trabajo. Cual jornaleros del campo aguardando la buena voluntad del cacique local, debemos participar en una especie de subasta a la baja para conseguir un encargo».

(*) Si bien es cierto que no existe una asociación que englobe a todos los trabajadores del sector y que los sindicatos no parezcan muy preocupados por ellos, cabe apuntar que la ACEC -Asociación Colegial de Escritores de Cataluña- y la AELC -Asociació d'Escriptors en Llengua Catalana- negocian con el Gremi d'Editors de Catalunya nuevos modelos de contratos para escritores, redactores y traductores y la creación de una comisión paritaria de seguimiento de los mismos y de resolución de los conflictos que surjan entre trabajadores y editores. La entrada en vigor de estos modelos de contratos está prevista para el año 2009. No obstante, esta aclaración no invalida el cuadro de situación antedicho.
[Imagen, Huidobro, La Jornada Semanal]

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