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LA INDECENCIA DE BERLUSCONI Y LOS SUYOS

El primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, ya es famoso por sus salidas de tono. Su incontinencia verbal es tan grande como diminuto su cerebro. En sus palabras no hay la mínima huella de una reflexión y por ello tienen siempre el efecto de un vómito ofensivo. Berlusconi no es un ogro, es un inmoral indecente. Sus palabras relativas a los desaparecidos argentinos y los vuelos de la muerte son indignas en cualquier contexto. Lo que dijo, como un modo de defenderse de los ataques de la izquierda en una campaña electoral, no es una ironía como pretende sino una obscenidad que muchos de sus seguidores encontraron graciosa y rieron la broma del gran bufón. ¿Cómo es posible que un país donde la herencia griega se proyectó en la civilización occidental haya elegido a un individuo de esta calaña? La respuesta quizás no sea tan simple como la indignación nos llevaría a pensar, pero cualquiera sea habría que considerar que los mecanismos corruptores han hecho mella en gran parte de la conciencia social de los italianos, porque si no fuese así mañana mismo, quiero decir, en las próximas elecciones, mandarían a su payaso al último de los circos romanos en lugar de los inmigrantes que él envía a las fieras y donde su boca quede enmudecida con su propia miseria moral.

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LITERATURA DE ALTO CONSUMO Y BAJO CONTENIDO

En los primeros años de la segunda década del siglo XXI, la literatura constata el total divorcio entre la creación literaria y la producción editorial, como consecuencia de la deriva mercantil de la sociedad de consumo. Pero, además de los económicos, también han incidido en la conformación de este cuadro factores ideológicos de un invisible totalitarismo.
La existencia del divorcio entre la literatura como creación artística y el negocio editorial no es algo abstracto sino concreto que tanto el escritor como el lector pueden observar a simple vista.
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RISUS PASCHALIS

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LA FACTURA DE TERMINATOR

Los duros ajustes anunciados por el presidente Rodríguez Zapatero en España como inmediata respuesta a la llamada del presidente estadounidense Barak Obama ponen de manifiesto la fragilidad de las autonomías política y económica de las naciones periféricas, es decir de aquellas que giran alrededor de algún núcleo de poder. Y el único poder real que gobierna el planeta es el económico y más concretamente el poder económico-financiero.
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