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MANDELA NO ES MARADONA


John Carlin, ha dedicado un libro a Nelson Mandela, El factor humano (Seix Barral). El periodista británico, cuyas excelentes crónicas deportivas pueden leerse semanalmente en el diario español El País, narra, sin disimular su entusiasmo por la figura de líder sudafricano, cómo este hombre, tras pasar gran parte de su vida preso por el régimen racista, logró acabar con el apartheid e instaurar la democracia en su país.
«Hay algo en él, un aura, que provoca ese efecto emocional en la gente. No sabría describirlo. Un impulso hacia la bondad, la humanidad y la nobleza», escribe Carlin. Pero, presa de ese devoto arrebato y acaso confundido por él, añade que hombres así constituyen un misterio y para corroborar este acerto trae a colación el relato del locutor argentino que transmitía la final del Mundial de Fútbol de México'86 cuando Diego Maradona le hizo el segundo gol a Inglaterra: «¡Barrilete [cometa] cósmico ¿de qué planeta viniste...?!». Bien, John Carlin asegura sin rubor que «cabe decir lo mismo de Mandela. Es como el Maradona de la política. La tormenta perfecta. Una confluencia, supongo, de genética, vida, educación circunstancias históricas...Pero había una madera de base, carisma».
Puede que la pobreza, la marginación y el carisma sean comunes a ambos personajes. Sin embargo, esto no significa que sean iguales. Ni siquiera concediendo que Maradona alegró y asombró a muchos con su habilidad futbolística superior la comparación es posible. Mandela se elevó por encima del dolor, de la persecución y de la muerte infligidos por una dictadura brutal, para llevar una felicidad duradera a su pueblo con la energía que le daba su inquebrantable voluntad y su coherencia ética. Nada de esto ejemplificó Maradona, tan genial y carismático jugador, con vulnerable y limitada persona. Fumar puros, tatuarse la efigie del Che y el recuerdo de su fútbol extraplanetario son signos de un ídolo pobre adorado hasta la divinización por aquellos que difícilmente lleguen a salir del ghetto siguiéndolo. No. Maradona no es ese venerable y sabio anciano llamado Nelson Mandela.

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