viernes, 27 de febrero de 2009

ETA Y EL JUSTICIERO AMENAZADO


Una de las bombas con que ETA está haciendo oír su «voz» en la campaña electoral vasca destrozó la Casa del Pueblo socialista en la localidad guipuzcoana de Lazkao. El «discurso» etarra también arrasó la vivienda de un joven vecino llamado Emilio Gutiérrez. Éste la había adquirido para que fuese su hogar con quien dentro de unos días iba a casarse. Pero las «palabras» de ETA se la redujeron a escombros. Presa de un rapto de rabia y dolor, Emilio cogió un mazo y, en venganza, destrozó la herriko taberna donde se reunen los pro etarras. Días más tarde, la reacción de los damnificados no se hizo esperar y aparecieron pintadas amenazadoras que obligaron al joven a huir de su tierra al tiempo que un grupo de proetarras salía a la calle con carteles que rezaban 'Eraso faxistarik ez, demokrazia orain'('Agresiones fascistas no, democracia ahora'), 'Salbuespearen egoerari STOP' ('STOP al Estado de excepción') y 'Euskal Herriak autodeterminazioa' ('Euskal Herria autodeterminación').
¿Es posible tanta esquizofrenia? ¿De qué estado de excepción habla esta gente? ¿Cómo se atreve a tildar de fascista a un joven a quien han destrozado su vida con una de sus bombas? ¿Son fascistas las víctimas bombas y balazos en la nuca que los etarras dispensan?
El legítimo intento del gobierno socialista de acabar con la violencia en el País Vasco a través del diálogo fracasó, pero sirvió para poner claro quienes son los intolerantes y fascistas. La acción dolida y rabiosa de Emilio Gutiérrez es repudiable, porque es hablar con su misma lengua destructiva. Pero también nos deja la enseñanza de que ante tanta barbarie y estupidez, la sociedad democrática no debe dejar solo a los gobiernos en sus intentos de pacificación y es su obligación tomar parte activa en la erradicación de la violencia. No se trata de coger mazos, sino de demostrar a los terroristas que no se les tiene miedo y que sus bombas y sus balas no son argumentos eficaces para alcanzar ningún objetivo y menos en un estado democrático y con los márgenes de libertad ciudadana que nos da la Constitución de 1978.
Al gesto de Emilio le sobró el mazo en la misma medida que a la manifestación de los etarras le faltó la réplica colectiva que les hiciera ver sus propias taras mentales. `[Imagen: Manifestación pro etarra. Foto Diario ABC]