lunes, 20 de diciembre de 2010

EL VUELO PERDIDO DE LEONARDO DA VINCI

Manuscrito de Leonardo hallado en Nantes
El hallazgo de un manuscrito desconocido de Leonardo da Vinci en una biblioteca francesa contribuye a mantener el poderoso influjo de la figura del artista lombardo y a mantener siempre vivo el hálito de leyenda que la rodea.

Leonardo da Vinci encarna como ningún otro ser humano en la historia el paradigma del genio. Figura central del Renacimiento, entre la Florencia y el Milán gobernados por los Médicis y los Sforza, Leonardo proyecta su excepcional personalidad sobre todos los campos del saber y del arte en un período en el que se verifican profundas transformaciones que encaminan el mundo hacia la modernidad. Sus huellas siempre despiertan curiosidad y, a veces, exacerban la imaginación. No en vano el espacio, la naturaleza, la perspectiva, el análisis sistemático, la nítida objetividad, el valor de la experiencia, la mirada «científica» y la latencia de lo secreto y primordial de las cosas alientan su arte de «totalidades herméticas», por decirlo con palabras del profesor Ruiz-Domènec.
Latente aún en el imaginario popular el peregrino código fraguado por el novelista Dan Brown a partir de una febril interpretación del cuadro La última cena, un periodista del diario Presse Océan, de Nantes da cuenta del hallazgo de un fragmento de manuscrito de Leonardo. El profesor Carlo Pedretti, ha dado validez al trozo de tela en el que aparecen unas notas fragmentarias, escritas con la técnica del espejo habitual en Leonardo, «sobre el aire y el viento, en relación con un estudio sobre el vuelo de los pájaros».
Pero hay algo más, este pedazo de tela de algodón de 10x20 cm, permaneció perdido durante más de un siglo entre miles de documentos que en 1872 donó a la ciudad de Nantes el acaudalado Pierre-Antoine Labourchere. Durante más de cien años, tal tesoro documental apenas si había sido investigado, pero de él salió también en 2008, una partitura desconocida de Wolfgang Amadeus Mozart.
Estos hallazgos, que no parecen tener más valor que el de contribuir a la mitificación de los genios del pasado, son botellas con mensajes arrojadas al mar. Creaciones, acaso desechadas por sus autores, que nos llegan y nos iluminan sobre ese instante en que algo mayor se fraguaba en el alma de los artistas. Ahora, que todo se escribe y se borra sobre una pantalla no quedan huellas de esas intuiciones maravillosas. Cabe pensar que muchos de esos momentos se perderán para siempre, lo que nos lleva a darnos cuenta, como sugiere Stanislaw Lem en Memorias encontradas en una bañera, hasta qué punto nuestra civilización se asienta en algo tan frágil como el papel.
Partitura de Mozart hallada en Nantes en 2008