viernes, 29 de abril de 2011

ANA MARÍA MATUTE NO ES CATALANA

El rey Juan Carlos entrega el Premio Cervantes a Ana María Matute (Foto EFE)

La ausencia de altos representantes del Gobierno de la Generalitat de Catalunya en la ceremonia de entrega del Cervantes, el Nobel de las letras castellanas, a Ana María Matute, no sólo es una falta de respeto institucional a la escritora y académica barcelonesa, sino que puede interpretarse como un explícito rechazo a considerarla parte de la cultura catalana.

El catalanismo fundamentalista, que se radicalizó, atrincherado en Cultura, durante el gobierno del Tripartito, parece continuar su política discriminatoria con el gobierno presidido por Artur Mas. Que una figura del prestigio intelectual y de la talla literaria, como Ana María Matute, galardonada además con el más alto premio literario de ámbito hispano, haya sido ignorada de este modo tan flagrante por las autoridades catalanas ejemplifica la realidad de una política cultural descaradamente discriminatoria. 
Cualquier país se sentiría orgulloso de que uno de sus hijos y, por tanto, parte de su cultura reciba importantes reconocimientos por su obra. Ana María Matute, como Juan Marsé, también premio Cervantes, como Enrique Vila-Matas, Eduardo Mendoza, Terenci y Ana María Moix, Manuel Vázquez Montalbán, entre otros, no son menos catalanes que Joan Margarit, Miquel de Palol, Miquel Martí i Pol, Feliu Formosa, etc., porque escriban o haya escrito en castellano. Estos gobernantes, en su supina ignorancia o en su mezquina concepción de la cultura, parecen desconocer que una de las grandes ventajas y riquezas de la cultura catalana es su bilingüismo. 
Es razonable que el Gobierno catalán apoye la lengua catalana, pero no lo es su desvergonzada discriminación de quienes escriben en la otra de sus lenguas. Lengua que por otra parte aporta millones de euros al PIB nacional catalán al ser Barcelona capital mundial de la edición en castellano. 
Este desprecio a Ana María Matute, que ella quizás, con su natural generosidad, ignore, pone de relieve el desamparo que viven decenas de escritores catalanes en lengua castellanae hispanoamericanos residentes en Cataluña, que son sistemáticamente marginados de las políticas de subvenciones y ayudas que conceden el ILC y el CoNCA, siendo que son ciudadanos que, como los  catalanes genuinos, pagan sus impuestos.