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CIUDADANISMO


En la práctica, el ciudadanismo se traduce en un movimiento o conjunto de movimientos más o menos espontáneos impulsados por el deseo de una democracia más directa y participativa motivado por el anquilosamiento funcional de los partidos políticos, la frivolización mediática de su actividad en la gestión de la res publica, y, en general, por la degradación del horizonte ético en la conducta social. 

El ciudadanismo es una propuesta de regeneración moral de la vida y la administración públicas, que a veces se manifiesta en grupos articulados en partidos políticos, como la Plataforma Ciudadanos para el Cambio, que estuvo integrada en el PSC (Partit del Socialistas de Catalunya) durante algunos años, o en Movimientos Democracia Ya y M-15, que iniciaron sus protestas en la plaza del Sol de Madrid, pero cuyo carácter asambleario lo hace difuso y poco efectivo. 
Pasada la efervescencia inicial y apartado el foco de las cámaras televisivas y los micrófonos radiales, sus propuestas se dispersan, se desvanecen por agotamiento o por una abstención improductiva ante las urnas, ya que su apoliticismo acaba actuando a favor de los sectores más inmovilistas que controlan el poder. 
El rechazo a los partidos políticos y a toda doctrina supone la neutralización del espacio ideológico y con ello la suplantación de los partidos y sus militantes por colectivos o grupos de apoyo a causas o reivindicaciones sociales concretas que, independientemente de su bondad o justicia, socavan el valor de las instituciones favoreciendo una dominación sin ideología y tecnocrática que acompaña a las corrientes conservadoras y acaba interfiriendo la libertad ciudadana. Las virulentas campañas de las víctimas del terrorismo contra el llamado proceso de paz impulsado por el Gobierno socialista y las agresivas campañas contra el aborto o educación ciudadana representan el mismo impulso que Pierre Rosanvallon llamó «contrademocracia».

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