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El sexo de la lengua


Ferdinand de Saussure, el padre de la lingüística moderna, sostenía en su famoso curso que la estructura de la lengua es estática (sincrónica) y dinámica (diacrónica) al mismo tiempo. Con ello quería significar que una parte permanece como el fundamento cultural de su sistema (la lengua propiamente dicha), y otra que se mueve y se modifica progresivamente (el habla, que es el uso que se hace del sistema).
Sin entrar en detalles, está claro que el hablante de hoy no lo hace del mismo modo que el de hace, por ejemplo, un lustro, y muchos menos que el de hace uno, dos o diez siglos. Sin embargo, no se puede decir que uno y otro no hablen el mismo idioma.
Las modificaciones que se producen en la superficie de la lengua son diversas y numerosas y constituyen una respuesta a las exigencias de la realidades social, tecnológica, científica, etc., y a las influencias interlingüísticas. El alcance de estos factores es el que determina que las nuevas voces se consoliden o no en el cuerpo histórico de la lengua. Se trata de un proceso natural, que no responde a caprichos o veleidades de grupos o movimientos.
En los años ochenta, cuando el mundo era gobernado por un triunvirato ultraconservador -Wojtyla, Thatcher, Reagan-, se trató de imponer a la lengua una «corrección política», para atenuar u ocultar con un habla impostado los excesos de su política. La misma actitud tienen ahora algunos grupos de supuesta progresía que pretenden imponer un habla impostado para «modificar» la realidad en consonancia con sus aspiraciones.
A unos y a otros la lengua responde con su propia realidad y su propio ritmo. Ella los asumirá sin imperativos. Cuando, en el seno de la comunidad de hablantes, los cambios se produzcan efectivamente Tampoco hay que olvidar que la lengua evoluciona hacia la síntesis y que es implacable con las torpezas retóricas, políticas o ideológicas. [Imagen: Signos cuneiformes sumerios, algunos de los cuales están en el origen de ciertas letras de nuestro alfabeto, como el de «mujer» que evolucionó, a través del fenicio «beth=casa», hacia la «b».

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