jueves, 16 de junio de 2011

¿A DÓNDE VA EL 15-M?

¿Revolución?
Un grupo de manifestantes del movimiento ciudadanista 15-M abucheó, insultó y agredió físicamente a los diputados cuando entraban a la sede del Parlament catalán, en Barcelona, y otro zarandeó en Madrid a Cayo Lara, dirigente de Izquierda Unida, al grito de «aprovechado» y «no nos representas». También el alcalde madrileño del PP, Ruiz Gallardón, y el diputado socialista en las Cortes Valencianas, Joan Lerma, fueron descalificados por los indignados.

La indignación es la ira provocada por algo reprobable que atenta contra la dignidad de la persona y aquella que la expresa lo hace generalmente con la vehemencia propia de quien se siente profundamente herido. El M-15 ya muestra algunos síntomas inequívocos de esta vehemencia ante la pasividad o el paternalismo de la clase política que no parece entender que no estamos ante una pataleta juvenil, sino ante una reclamación mayor sobre sus conductas. Desde un discutible victimismo, los políticos y sus medios afines han llegado al absurdo de exigir corrección política y pacifismo a quienes precisamente han sido violentados desde el poder. Sin embargo, llegados este punto, cabe hacer ciertas consideraciones.
Thomas Moro, el célebre autor de la Utopía, escribió que las leyes constituyen un muro frente a la violencia, pues más allá de ellas reina el caos. La defensa de este principio lo llevó al cadalso en 1535. Siguiendo esta misma línea de pensamiento hemos de tener presente que estamos en un Estado de derecho y en el marco de una democracia representativa y que el Parlamento es el lugar donde reside la soberanía popular delegada en los representantes que se han elegido a través del voto. Esto no hace intocables a los representantes, cuyas conductas pueden ser cuestionadas por los ciudadanos -para eso se hacen elecciones periódicas-, pero sí son intocables las instituciones. Ellas son los pilares de una forma de vida mayor que si se socavan pueden acabar con todo su edificio y no parece que esta sea la intención del M-15, pues no se observa en la mayoría de sus integrantes síntomas revolucionarios. Las revoluciones surgen de las ideas y no de las quejas y aquí estamos ante la queja por una mala administración de la cosa pública que ha puesto en peligro el bienestar de los ciudadanos. Y la queja señala como culpables a quienes quizás menos culpa tengan -sacando aparte a los corruptos-, pues ellos -los políticos- han sido meros correveidiles de los verdaderos culpables, los que detentan el poder económico y financiero y encarnan esa nueva divinidad llamada mercado.
Los dirigentes del M-15 deberían tener presente que estamos en una democracia representativa y no asamblearia y que, por lo tanto, ya deberían haber abierto caminos de diálogo con la clase política reuniendo a todos los partidos políticos para presentarles sus puntos de vista a fin de cambiar la dirección de la acción política enfocándola hacia el bienestar de los ciudadanos y no hacia el beneficio de las grandes corporaciones.
El M-15 debería saber que desde 1973, cuando el general Pinochet derribó al gobierno legítimo de Salvador Allende, este golpe de Estado estuvo precedido de un golpe de mercado. Aquel hecho histórico inició la implementación de políticas ultraliberales que caracterizaron el capitalismo salvaje y que se hicieron irresistibles durante las eras de Thatcher y Reagan, con la bendición de Juan Pablo II, posibilitando el progresivo debilitamiento de los Estados y sus gobiernos hasta convertirlos en meros gestores y productores de leyes que favorecieran los intereses del mercado. Así empezó a gestarse el desmantelamiento de las soberanías populares, pues ya no fueron las personas las destinatarias de los beneficios sino las grandes corporaciones. No es casualidad que la mayor industria del mundo ya no sea la alimenticia, sino la bélica y que sean los ciudadanos los que ahora estén pagando las facturas de guerras, como las de Iraq, las subidas especulativas del petróleo y que muchos países que intentan salir de esa dinámica reciban «ataques bursátiles», como los varios que ha sufrido España en estos últimos años. 
Mientras el M-15 asume su papel de portavoz de la indignación de millones de personas víctimas de la violencia del mercado y sus esbirros, la mayoría silenciosa que vota y decide también debería reflexionar sobre el sentido de su voto y considerar que su responsabilidad va más allá de su dependencia ideológica o clientelismo, y la clase política debería hacer gestos visibles de cambio de conducta, de querer restaurar la confianza perdida, y de transmitir a la sociedad la idea de que en lugar de un empleo bien remunerado tiene una misión.

martes, 7 de junio de 2011

CIUDADANISMO


En la práctica, el ciudadanismo se traduce en un movimiento o conjunto de movimientos más o menos espontáneos impulsados por el deseo de una democracia más directa y participativa motivado por el anquilosamiento funcional de los partidos políticos, la frivolización mediática de su actividad en la gestión de la res publica, y, en general, por la degradación del horizonte ético en la conducta social. 

El ciudadanismo es una propuesta de regeneración moral de la vida y la administración públicas, que a veces se manifiesta en grupos articulados en partidos políticos, como la Plataforma Ciudadanos para el Cambio, que estuvo integrada en el PSC (Partit del Socialistas de Catalunya) durante algunos años, o en Movimientos Democracia Ya y M-15, que iniciaron sus protestas en la plaza del Sol de Madrid, pero cuyo carácter asambleario lo hace difuso y poco efectivo. 
Pasada la efervescencia inicial y apartado el foco de las cámaras televisivas y los micrófonos radiales, sus propuestas se dispersan, se desvanecen por agotamiento o por una abstención improductiva ante las urnas, ya que su apoliticismo acaba actuando a favor de los sectores más inmovilistas que controlan el poder. 
El rechazo a los partidos políticos y a toda doctrina supone la neutralización del espacio ideológico y con ello la suplantación de los partidos y sus militantes por colectivos o grupos de apoyo a causas o reivindicaciones sociales concretas que, independientemente de su bondad o justicia, socavan el valor de las instituciones favoreciendo una dominación sin ideología y tecnocrática que acompaña a las corrientes conservadoras y acaba interfiriendo la libertad ciudadana. Las virulentas campañas de las víctimas del terrorismo contra el llamado proceso de paz impulsado por el Gobierno socialista y las agresivas campañas contra el aborto o educación ciudadana representan el mismo impulso que Pierre Rosanvallon llamó «contrademocracia».

viernes, 3 de junio de 2011

EL GOBIERNO CATALÁN CONTRA LAS LETRAS CATALANAS

El conseller de Cultura Ferran Mascarell
El Gobierno de la Generalitat de Catalunya, presidido por el convergente Artur Más, ha decretado la desaparición de la Institució de les Lletres Catalanes.

En consonancia con un drástico programa de recortes presupuestarios, el Gobierno autonómico ha anunciado que la ILC desaparece como «entidad autónoma» para convertirse en un «órgano asesor del departamento competente».
No obstante el sectarismo nacionalista con que esta institución ha actuado siempre desde su creación en 1987, excluyendo de apoyos y subsidios a escritores y poetas que escriben y se expresan en castellano [no debe olvidarse que letras catalanas son tanto las que se expresan en catalán como en castellano], la medida del gobierno de CiU supone limitar a su mínima expresión el apoyo gubernamental a la cultura del país, al mismo tiempo que pone de manifiesto la escasa sensibilidad social de la derecha. 
No es casualidad que, para resolver supuestamente la crisis y reducir el endeudamiento público, los gobiernos derechistas entiendan por eficacia cortar por el hilo que sostiene los derechos sociales, la cultura, la educación y la sanidad. Tampoco es casualidad que haya sido precisamente un gobierno de derechas el que autorizó la carga policial contra los indignados de plaza Cataluña. Si esta es la derecha moderada, civilizada, ahora cabe preguntarse ¿qué pasará en España cuando, como vaticinan las encuestas, el pueblo vote a la derecha troglodita del PP?

lunes, 30 de mayo de 2011

INDIGNADOS Y APALEADOS


La policía autonómica de Cataluña, con el pretexto de proteger a las brigadas de limpieza y de evitar que la acampada de los M-15 coincidiera con los hinchas del FCBarcelona, actuaron sin contemplaciones a golpes de porra y balas de goma. ¿Puede el resto de la ciudadanía justificar o tolerar la brutal represión sin indignarse?

Nadie puede negar la naturaleza pacífica de un movimiento ciudadano surgido como reacción ante la insensibilidad de los partidos políticos, la injusticia social y los abusos del capitalismo. Pero tampoco nadie puede negar que también es natural la forma en que reacciona el «sistema» y más evidente se hace esa naturaleza violenta, cuando el gobierno es de un partido de derechas. Esto ha de hacer reflexionar a los indignados sobre los peligros de la generalización.  Si lo que M-15 no quiere es una revolución, debe reconocer que los partidos políticos son parte indispensable de la democracia y, por tanto, sería un error confundir cuales pueden ser sensibles al ideario de los indignados con los que abiertamente lo repudian. Todos los partidos políticos no son iguales, pero es bueno recordar a los menos iguales que han de actuar siempre como representantes de los ciudadanos y no como máquinas burocráticas de poder.
La brutal represión sufrida por los indignados de plaza Catalunya ha sido aplaudida por el gobierno autónomo de Madrid, que pide el inmediato desalojo de los indignados de plaza del Sol, considerando la acampada un asentamiento de chabolas. Sin embargo, hasta ahora y quien sabe hasta cuánto tiempo, el gobierno socialista aguantará la presión de la poderosa presidenta de la Comunidad de Madrid, ahora que ha sido avalada por miles de votos dignos, de quienes no aprecian motivos de indignación ante sus abusos de poder, su prepotencia, su corrupción y su manipulación a través de los medios de comunicación que controla.
No es casualidad que quienes se ofrecen como salvadores de la crisis (de la patria, diría en otros tiempos), apenas llegan al Gobierno, empiecen por recortar los presupuestos de Cultura, Educación y Sanidad y repriman violentamente a los ciudadanos que protestan. Este ejemplo de comprensión dado por la derecha moderada en Cataluña, debería hacer reflexionar a los indignados sobre el peligro en que se hallan los derechos sociales tan arduamente conquistados por la clase trabajadora y sobre el oscuro horizonte que se vislumbra si el apartidismo deja el campo libre a los indignos, tal como ha sucedido en las elecciones del 22-M.
Los indignados, movimiento que parece abogar por una restauración ética que favorezca la paz y la justicia social, debería resignar ciertos comportamientos ácratas y reconocer que sus actos son políticos y que, como tales, tienen consecuencias. Que las mismas sean positivas depende de la claridad de sus objetivos. La indignación no es una fiesta popular. Es lucha, resistencia contra el mal. Y el mal siempre da palos. Se puede ser apartidista, pero no apolítico. De nada sirve el buenismo sin una toma de posición política activa. Y, aparte de otras, la forma más elevada de la acción ciudadana en democracia es el voto. No la abstención, ni el voto en blanco o nulo. Estas son formas de escabullir el bulto. Tirar la piedra y esconder la mano.

lunes, 23 de mayo de 2011

¡¡DECEPCIÓN!!


Con tanta indignación en la calle, con tanta algara juvenil y spanish revolution contra los banqueros, los políticos corruptos, desleales, xenófobos, homófobos, mentirosos y cavernícolas, resulta que el pueblo español en legítimo ejercicio de su voto les da la victoria a éstos. A quienes mejor encarnan los intereses del sistema. Ahora tienen el aplauso de la mayoría  ¿También el de los jóvenes indignados? 
Además de Valencia, Castellón y Madrid, otras comunidades y capitales han sido convertidas en feudos de la derecha troglodita por la mayoría de ciudadanos, acaso como premio por la eficaz gestión que sus gobiernos han hecho de la corrupción a gran escala, de la política que contribuyó sobremanera a la crisis que ahora pagamos todos y del infame uso del terrorismo. ¡Qué estulticia!  ¡Qué decepción! ¡Qué asco! Me pregunto si los españoles creen realmente que este es el camino para recuperar la democracia secuestrada por el mercado y el poder económico; si es esta la vía para salvar el Estado social y devolver la ética a  la vida pública.  Y, como si tamaño despropósito fuera poco, hay que aceptar democráticamente el resultado. La náusea. La náusea.

viernes, 20 de mayo de 2011

CIUDADANOS INDIGNADOS

El Movimiento 15-M ha entrado en la campaña electoral como un elefante en un bazar. Su soporte y cohesión es la indignación ante la crisis económica, el anquilosamiento de los partidos políticos y de los sindicatos, y un profundo sentimiento de injusticia que los (nos) hace ver como forzados deudores de los platos rotos.

Si bien muchos analistas afirman que la, para el sistema, sorprendente movilización ciudadana comenzó con la rebelión de Islandia o se inspiró en el popular panfleto ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, lo cierto es que el origen de esta toma de conciencia y cambio de actitud de los jóvenes -principales víctimas del desempleo y la carencia de un horizonte vital- está en el hogar. Está en esos padres que, mientras pudieron, hospedaron y financiaron a sus hijos, incluso con sus volátiles parejas, en sus casas y en sus mesas. Pero ahora, gran parte de esa generación bien preparada, a la que también parece haberse sumado los llamados nini [ni estudia ni trabaja], ha salido por fin a la calle con un ideario claro, que deja atrás su pasotismo y trasciende la cómoda ideología pequeño burguesa de sofá y playstation o la amable aceptación del «mileurismo».
De pronto gran parte de la población ahora se entera de que sus jóvenes también pensaban y de que cuando sus padres han empezado a perder sus casas y sus salarios no alcanzan para alimentarlos; mientras la corrupción no hace mella en la caras de los candidatos que han de votar -se calcula que los sobornos han provocado un agujero de 1.700 millones de dólares en las arcas públicas-; mientras el Gobierno carece de fuerzas para mantener las políticas sociales o soportar la presión de los grupos de poder económico-financiero; mientras los culpables de las políticas ultraliberales que están en el origen de esta crisis y sus guerras -banqueros, especuladores, políticos corruptos, etc.- se jactan de sus sueldos y ganancias, estos jóvenes se despiertan de su sueño anodino y salen a la calle a cambiar el mundo.
Pues sí, los jóvenes cómodos pensaban y ahora, quizás con algún retraso, están allí exigiendo  democracia real y la preservación del estado social. Un estado amenazado por el poder económico y financiero que ha elevado a los altares al mercado y ha puesto en peligro los grandes logros del estado de bienestar y los cimientos mismos de la civilización.
Cabe esperar que el Movimiento 15-M no sea un brote de primavera y que, no sólo haga sentir su peso en las urnas, sino que tenga el aliento suficiente como para obligar a la izquierda -partidos y sindicatos- a volver a su activismo transformador (¿revolucionario?) de la sociedad y advertir a la derecha cavernaria de que ya no le será tan fácil campear en la corrupción y sus políticas antisociales.

martes, 17 de mayo de 2011

EL SEXO CORROMPE A LOS ÁNGELES


El beato Juan Pablo II camino de la santidad
El Vaticano espera que el papa Juan Pablo II haga un segundo milagro para convertirlo en santo. Nunca antes en la historia, la Iglesia católica había tenido tanta prisa en completar el proceso de santificación y menos con un personaje tan controvertido como lo fue el polaco Wojtyla.

Angelo Amato, prefecto de la Congregación para la causa de los santos, ha declarado que a sus oficinas llegan  de todo el mundo noticias diarias de nuevos milagros de Karol Wojtyla, que los teólogos investigan para santificarlo cuanto antes. Cuestionar la naturaleza de estos milagros, el proceso de santificación y cualesquiera otras actuaciones de una creencia religiosa, en este caso la del cristianismo católico, no parece procedente. Toda creencia en un ser superior es una cuestión de fe y como tal respetable porque la fe en ese ser alivia  al creyente de la angustia que provoca la idea de la muerte. 
Sin embargo, en una sociedad laica, tanto creyentes de cualquier confesión como profanos, pueden y deben cuestionar las actuaciones de los distintos aparatos religiosos que conllevan una desvirtuación flagrante de los valores éticos que han de regir en bien de la convivencia y el respeto mutuo que se deben las personas. Desde este punto de vista, la beatificación del Juan Pablo II constituye una desvergonzada falta de respeto a los ciudadanos en general y a los cristianos en particular. 
La beatificación de Juan Pablo II, quien no reúne las condiciones exigibles a un santo, forma parte de la lucha por el control del poder entre distintas corrientes de la Iglesia católica. Esto explicaría que se eleve a los cielos a un hombre que, en el desempeño de su pontificado, se alió con la mafia italiana -relaciones del IOR, el banco vaticano, con la Cosa Nostra- para financiar su particular lucha contra el comunismo, y se valiera para este mismo fin de organizaciones fundamentalistas católicas - Opus Dei, Comunión y Liberación y Legionarios de Cristo-, y dictadores sanguinarios, como Pinochet, Videla, etc.. Esto explicaría que se eleve a los cielos a quien protegió y distinguió con su amistad -Marcial Maciel- a cientos de curas pederastas que carcomían la integridad moral y la salud sicológica de cientos de jóvenes creyentes. Muchos pueden decir que el sexo y el dinero habían corrompidos a unos pocos ángeles del Señor. Sin embargo, no basta el arrepentimiento ni el perdón para resarcir el daño causado en el espíritu del creyente sincero, ese que necesita de la fe para afrontar su angustia existencial. La responsabilidad de todas las religiones es constituirse en faros espirituales y éticos incorruptibles, porque de ellas depende la felicidad de gran parte del género humano.

LIBERTAD Y RESPONSABILIDAD

El confinamiento obligado por la pandemia que azota al mundo obliga más que nunca a apelar a la responsabilidad. Los medios de comunicación...