jueves, 14 de febrero de 2008

El anciano y los derechos humanos

La referencia que en general se hace a la conculcación de los derechos humanos es política y relacionada con los abusos de un régimen dictatorial o seudo democrático o de las fuerzas policiales o militares de un determinado país. Sin embargo, hace un mes [el mes de ausencia en este blog] tuve ocasión de constatar otra forma aberrante y socialmente más «normalizada» de la falta de respeto a estos derechos en Argentina.
Valoro en su justa medida los gestos que en su momento realizó el ex presidente Néstor Kirschner contra los responsables de las torturas y asesinatos cometidos durante la dictadura militar. Sin embargo, las secuelas de aquel maligno comportamiento utilizando el poder del Estado han afectado de tal modo el tejido social argentino, que la dignidad de las personas no parece ser el valor capital sobre el que se formulan los derechos humanos. Basta ver cómo una persona anciana, necesitada de atención médica y cuidados que exceden el esfuerzo de sus seres queridos, es tratada como un desecho social para comprobar de qué modo se ignoran sus derechos a ser tratado con dignidad.
La burocracia estatal, la corrupción burocrática de las mutuales, en este caso del IOSE –mutual de los empleados civiles del Ejército que se declara en suspensión de pagos-, la indiferencia, la negligencia y prepotencia de la mayoría de los médicos contribuyen a agudizar el deterioro físico de un paciente mientras sus familiares desesperan rellenando instancias y papeles para solicitar lo que ya le corresponde por haber aportado su cuota durante más de cuarenta años.
La salud pública es un derecho que todo Estado democrático ha de cumplir sin excusas políticas o económicas. Condenar a un anciano [en este caso un anciano bondadoso] a una inmerecida e indigna agonía por menosprecio a su dignidad y a su salud, sólo se entiende en una sociedad corrompida y carente de amor al prójimo, ese que tanto proclaman quienes se golpean el pecho en las iglesias. Un Estado que no respeta a sus viejos, que separa a sus hijos condenándolos al destierro y a la imposibilidad de asistir a sus padres cuando los necesitan, que no les brinda la atención que les corresponde y les secuestra su dignidad es un Estado inmoral ¿Y un Estado inmoral merece estar entre las grandes naciones del mundo? [Foto de Beatriz Helbling].