viernes, 28 de diciembre de 2007

Día de los Santos Inocentes


Hacia el año 4 o 5 a.C., fecha histórica que los especialistas dan como la del nacimiento de Jesús, cuenta el evangelista Mateo [Mt. 2, 1-18], que tres desorientados reyes de Oriente llegaron a Jerusalén y en la corte de Herodes preguntaron por el recién nacido «Rey de los judíos». El etnarca, sorprendido por la noticia, imaginó una conspiración. Acorde con su fama de cruel, Herodes ordenó una matanza de varones recién nacidos para acabar con el presunto pretendiente al trono. Si bien no hay constancia histórica de este hecho que movió a la Sagrada Familia a huir a Egipto, episodios de esta naturaleza no eran ajenos a la cultura de los pueblos del Medio Oriente. En este sentido, el Antiguo Testamento es generoso en ejemplos que implican a irascibles profetas que proclaman la guerra santa y el anatema.
El desdén por la vida de los niños, esos santos inocentes, ha perdurado en el tiempo. Según una leyenda, de la que se hace eco Marcel Shwob, hacia el año 1212, un religioso, exaltado por la prédica de san Bernardo, organizó una cruzada infantil que embarcó hacia Tierra Santa. Ninguno de los niños llegó a destino. Muchos murieron de hambre o tragados por el mar. Muchos otros fueron vendidos como esclavos.
Acaso para hacer más soportable la vida, el ser humano sublima sus hechos ignominiosos. La cruzada de los niños, dicen, inspiró El flautista de Hamelín; la matanza de Herodes las bromas del 28 de diciembre. Ahora cabe preguntarse qué fantasía o inocentada depararán mañana en el imaginario popular los miles de niños que, en los albores del siglo XXI, son educados en la cultura de la violencia. Esos inocentes que, en los países ricos, asesinan para convertirse en héroes solitarios, y, en los países pobres, matan en nombre de dios o de la patria. [Foto Reuter: Niños palestinos juegan con armas de juguete].