lunes, 17 de diciembre de 2007

El hábito poético de Pérez Zúñiga


La nota poética de Ernesto Pérez Zúñiga en Cuadernos del hábito oscuro persiste con dolorosa insistencia sobre «la violencia de las cosas del mundo». Como bien apunta Andrés Soria Olmedo en el prólogo del libro, el poeta prolonga la experiencia de Calles para un pez luna y estrecha sus lazos significativos con Lautréamont, Baudelaire y Huidobro. Sin embargo, el quehacer poético de Pérez Zúñiga enlaza asímismo con la «oscura tradición» de la poesía mística española. Una tradición que casi se perdió en el siglo XVIII y que ha llegado hasta nuestros días con los parpadeos singulares de Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez, Vicente Aleixandre, Gerardo Diego, José Ángel Valente y Antonio Gamoneda, entre otros pocos. Con ellos, EPZ abre los ojos y ejecuta, como en otra ocasión dije de su poesía, «los gestos de las almas que se resisten a ocultar sus paisajes interiores y a perecer ahogadas en la realidad visible, en la vulgaridad de la experiencia inmediata».