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Salvar el planeta (y II)


La actuación incontrolada del hombre no sólo tiene efectos negativos sobre su entorno físico poniendo en peligro la vida del planeta, sino también sobre los ámbitos de su producción intelectual. En este contexto, la Literatura como forma de exploración e interrogación de la realidad y la condición humanas sufre los excesos de la polución industrial.
El libro, en tanto que genuino producto de la industria editorial, ha devenido materia de consumo sujeta a las exigencias del público consumidor. El problema, no obstante, no radica en la producción de una literatura de consumo como sostén de un sector importante de la economía, sino en la política exclusivamente mercantilista de los grandes consorcios editoriales que confunde, contamina y pervierte la concepción de la Literatura como creación artística.
La devaluación de esta rama del Arte ha provocado un peligroso agujero en su capa de ozono, al punto de connotar peyorativamente la palabra literatura. Así, para muchos editores, «literario» es sinónimo vergonzante de «no comercial» y, por tanto, motivo de rechazo de no pocos libros que van, o intentar ir, más allá de la crónica o el mero divertimento.
Seguramente, la denuncia de la degradación del ecosistema de la Literatura no resultará una «verdad tan incómoda» como la otra para la mayoría -ecologistas incluidos-, pero no me cabe duda de la absoluta necesidad de llamar la atención sobre los peligros que entraña para el espíritu. [Foto del autor]

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LITERATURA DE ALTO CONSUMO Y BAJO CONTENIDO

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LA FACTURA DE TERMINATOR

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